Qué hacer y visitar?

 

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1. Guadasséquies, un pueblo de río.

  • Guadasséquies con 500 habitantes, es un pequeño municipio del valle de Albaida, vinculado desde su origen al río albaida, que discurre por debajo mismo del núcleo urbano. El río se extiende aquí en forma de lago artificial, gracias a la construcción del embalse de Bellús, inagurado en 1996.

    Las localidades de Benissuera, Sempere, Guadasseéquies y Bellús son conocidas tradicionalmente como “Los pueblos del río”.

    Su economía dependía en buena medida, antiguamente, del regadío de las huertas de la Acequia de los Cuatro Pueblos, que toma el agua del río Albaida. En la actualidad, las huertas han quedado prácticamente sumergidas, pero los secanos se conservan bellamente plantados de viñedos, junto a los cuales despuntan las naves de algún polígono industrial, como el del mismo Guadasséquies. Los orígenes del doblamiento se remontan a tiempos de los íberos y de Roma. Hace 2.000 años existía en las cercanías una villa romana dedicada a la producción y explotación de vinos, como lo  demuestra el célebre “sello romano de Guadasséquies”: un marcador de ánforas, con una liebre y un racimo de uva en relieve, conservado en el Museo de Prehistoria de Valencia. No obstante, el actual núcleo de Guadasséquies (antiguo “GuadassécaR”, "Wadi Saqqa”, “el Río Aguador”), es una fundación de los árabes. Fue señorío medieval del término de Xàtiva. Tras la expulsión de los moriscos (1609), fue repoblado (1611) con cristianos viejos procedentes de la misma ciudad de Xàtiva. 

 

  

 

2. La Antigua Iglesia y su entorno natural.

  • La construcción del embalse de Bellús obligó a demoler en 1995 una buena porción del casco antiguo, donde se hallaba la plaza del lugar y su iglesia parroquial la Esperanza. Este edificio también estuvo a punto de ser demolido, al desaparecer las casas que le daban abrigo; mas los vecinos la salvaron (1997), lo restauraron y lo adecuaron como museo parroquial.
    La vieja iglesia fue edificada a mediados del s. XVIII sobre la planta de lo que fue mezquita, transformada en iglesuela morisca en 1535. Del oratorio musulmán medieval, tan sólo queda un muro de tapial o encofrado morisco, al lado orientado al sur. El resto del edificio es una obra típica del barroco clasicista valenciano. La planta es una cruz latina. La nave central, con capillas laterales, está cubierta por bóveda de cañón con lunetos. El crucero da lugar a elevar una cúpula de media naranja sobre pechinas, que se manifiesta al exterior en forma de cimborrio rectangular, cuberto a cuatro aguas. En las cuatro pechinas se representa el tetramorfos –los Cuatro Evanelistas- y el altar mayor está presidido por la Esperancita vieja: la imagen barroca de la Virgen de la Esperanza, obra de mediados del siglo XVIII, entronizada en bajo dosel de racallas y nubes sobredoradas. El campanario todavía conserva “in situ” la campana mayor, dedicada a la Esperanza, la cual data de 1835. La nueva iglesia, situada en la parte alta del pueblo, data de los años 1996-2000. El interior del templo está ornado por bonitas vidrieras de color, y por imágenes de un cierto interés, entre las que destaca la Esperanza nueva, obra del escultor Don Damià Pastor, regalada al pueblo por la marquesa de Trénor alrededor del 1900.   

         

 
3. El museo parroquial.
 
  • La vieja iglesia acoge en su interior obras de arte y de mérito, que constituyen un pequeño museo parroquial, inagurado en 2003. Los armarios exhiben casullas, dalmáticas y otras piezas de indumentaria litúrgica; así como interesantes piezas de orfebrería de los siglos XVIII-XX. Destaca especialmente en el museo una réplica de la tabla gótica conocida como “el San Miguel de Guadasséquies” (c. 1520), conservada actualmente en la sala noble del palacio arzobispal de Valencia. El San Miguel pesando las almas (psychopompe, en la terminología griega del arte medieval) es una de las obras maestras del arte gótico valenciano. El autor es el pintor Roderic d’Osona (1440-1528), que trabajó para los Borgia de Xàtiva, señores durante algunos años de Guadasséquies y Sent Pere. El cuadro presidió la Sala de Justicia del desaparecido palacio de los Sanç de la Llosa, señores de Guadasséquies, hasta que en 1681 Onofre Sanç lo donó a la parroquia, declarada entonces “vicaría perpetua”. En 1921 se llevó la tabla al palacio arzobispal, para exhibirla en la exposición de arte sacro diocesano de los años 1922-1923.
 
       
 
4. La ermita del Cristo del Amparo y el mirador de la Vall.
 
  • En la parte alta del poblado hallamos un jardín de cipreses, con funciones de calvario tradición y de balcón-mirador. Des de aquí se contempla una hermosa panorámica de la hoyada fértil que separa Guadasséquies de Sent Pere. Algunos cipreses son ya centenarios, como se observa, ya que la ermita del Cristo del Amparo y el propio calvario datan del año 1906, como se puede leer en un panel conmemorativo. El edificio se construyó siendo vicario Antonio Tormo y alcalde José Ramón Ferrando, “el tío Barraquero”. Recientemente se ha restaurado la ermita en dos intervenciones, de los años 2002 y 2010. El exterior austero y mediterráneo del oratorio del Cristo es coronado por una vistosa cupulilla, vestida por un ajedrez de tejas vidriadas, azules y blancas. La planta del inmueble es de cruz latina, iluminada de manera cenital por la linterna de la cúpula. Preside el altar un meritorio lienzo: el del Cristo del Amparo (s. XVIII), que los fieles sacan en procesión por las fiestas de agosto. Se representa en él el momento de la muerte de Jesucristo en el monte de Gólgota, consolado por su Madre, san Juan Evangelista y san José de Arimatea. Justo en aquella hora, según los textos sagrados, un eclipse de sol oscureció de luto Jerusalén. El fenómeno astronómico sirve de excusa al pintor para focalizar la luz sobre los personajes clave, y sacarlos así de la penumbra característica de la pintura barroca.
     
 
 
5. Un paseo por las calles.
 
  • El pueblo de Guadasséquies conserva buenos ejemplos de arquitectura tradicional, a psear de la desaparacion de buena parte del casco urbano antiguo a raíz de la construccion de la presa de Bellús en el año 1996. Si damos un paseo por las calles de la parte baja del pueblo, encontraréis casa vinculadas al mundo agrícola y características de la arquitectura mediterránea. El edificio más antiguo existente ahora se encuentra en la calle de la Pelota, rotulando con el número 10, y conocido como la casa de la Tía Josefína. Se trata de una vivienda del año 1755, reformada en el año 1860, donde todavía se conservan en el patio restos de la bodega y el cubo para hacer vino. al lado mismo encontraréis la casa número 8, conocida como de Claudio Ramirez, un terrateniente de la viña y alcalde de Guadasséquies en al año 1926. El edifivio fue construido durante la primera mitad del siglo XIX, y reformado a lo largo de la década de 1920 para adaptarlo a los gustos burgueses. Podéis acabar el paseo recorriendo la calle Mayor, donde distinguimos algunas muestras de casa de jornaleros del siglo XIX, como la rutulada con el número 13, mezcladas con otras viviendas más modernas del siglo pasado, y donde todavía se conserva la esencia de las antiguas calles de Guadasséquies desaparecidas bajo las aguas del pantano.
      
 
 
6. Un paseo por alrededor.
 
  • Alrededor de la vieja iglesia de Guadasséquies se puede disfrutar de un área recreativa, en donde se observan elemntos recuperados de la parte desaparecida del núcleo antiguo, como lo es la fuente pública, y un reloj de sol compuesto por cuatro cubos superpuestos, de acero y roca. Es obra del artista plástico Rafa Amorós, y del cuadrantero (diseñador de cuadrantes solares) Joan Olivares. 
  • En la actualidad,  se esta llevando a cabo un proyecto de recuperacion de la huerta tradicional valenciana, donde cada vecino puede solicitar su parcela para el cultivo tradicional.
  • Los caminos del término de Guadasséquies son relativamente llanos, y se puede caminar por ellos cómodamente o practicar el cicloturismo. Un paseo por senderos y caminos os permitirá acercaros al paisaje agrícola tradicional, y encontrar algún refugio de labriego (la cueva del 'tio Evaristo', cabada en la roca; la cueva 'del senyoret'...) o en una curiosa fuente y balsa 'dels castellans', en el limite entre Guadasséquies y Bellús. Más allá del término, ya en territorio de l'Olleria, se levantan masías tradicionales, como la Casa de Marau, antigua propiedad de los terratenientes del siglo XIX.
    
 
 
7. Pueblos y parajes próximos
 
  • Xàtiva fue una de las poblaciones más importantes del Reino de Valencia, rivalizando incluso con Valencia y Orihuela, las otras dos ciudades más importantes en la época foral. Fue cuna de los papas Borja y conserva un importante patrimonio artístico. El casco antiguo se declaró Conjunto Histórico-Artístico en 1982, y en él se encuentra la gran mayoría del patrimonio de la ciudad como el castillo medieval, la colegiata y los monasterios reales.
 
  • Sempere conserva la portada del palacio de Nunyes (destruido por un incendio en 1899); una iglesia neoclásica (1794-1814) con interesantes pinturas en la cúpula, y el altozano del Calvario. En benisuera, destaca el monumental palacio señorial de los Bellvís S.XVI y la Iglesia S.XVIII
 
  • Bellús y l'Estret de les Aigües. En Bellús, se pude visitar la iglesia S. XVII, el palacio de los Bellvís (S. XIII- S. XVI), el paraje del estrecho de las aguas o antiguo camino de Xativa, donde encontrareis una conducción islámica (S. XI) que lleva el agua potable a Xativa, el yacimiento paleolitoc de la Cova Negra, y las arcadas góticas de Alboi.
 
  • Benigànim. Cuenta esta localidad con una iglesia de San Miguel, del segundo renacimiento o manierimos (S. XVII); una vieja iglesia gótica, la de la sangre (S.XIV), y el convento de la Beata Ines, autora de milagros muy venerada entre los valencianos.
 
  • L'Ollleria, la villa del vidrio, como es conocida, cuenta con una iglesia de la Magdalena, del primer renacimiento (S.XVI), y con el palacio de los Marau o casa de Santonja (S.XVIII).
  
 
 
8. Fiestas y Gastronomía.
 
  • Las fiestas patronales de Guadasséquies se celebran en la segunda semana de agosto, con actos religiosos (misas y procesiones) y actos lúdicos (cabalgatas, veladas musicales, pirotecnia, etc.). En diciembre se ha recuperado desde hace unos cuantos año la costumbre inmemorial de prender fuego a una hoguera monumental en honor de la la Virgen de la Esperanza. Por lo que se refiere a tradición culinaria de la zona, entre los platos de mesa, destacan los arroces: cazuela al horno, paella de habas y alcachofas, paella de alubias y judías verdes, etc. Y, entre horas, se pueden probar las tortas al horno, dulces (de limón, de almendras...)  o saladas ( de pimiento y tomate, de cebolla y guisantes...), así como los dulces de toda la vida ( pastelillos de boniato, carquiñol, etc.). Se trata de una gastronomía mediterránea y sana por lo ingredientes que contiene, nutritiva, variada y con un excelente sabor.

 

   

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